A vueltas con los virus
No recuerdo cuándo oí por primera vez hablar de virus
informáticos ¿diez años? De todas maneras el nombre era
autodescriptivo y se comprendían enseguida los efectos que causaban a
los ordenadores. Claro, también hubo quien pensó que se trataba
de un bichito.
En aquellos tiempos, comparados con los actuales, la transmisión de
la infección era muy laboriosa pues solo se producía a través de
disquetes contaminados, - creo que los CD-rom aun no existían para la
mayoría de los usuarios - o a través de las redes locales
disponibles generalmente en empresas. Eso suponiendo que el PC al sacarlo de
la caja estaba limpio, pues se han dado casos de estrenarlos con un virus
dentro. Enseguida surgieron las vacunas - como se ve los
términos clínicos se adaptan muy bien a este asunto - y se
empezaron a instalar antivirus más que nada por la leyenda, en
algún caso justificada, que de destructivos tenían. Con un
poco de cuidado podía uno mantener limpio su PC. Los pasos a seguir
siguen siendo vigentes hoy día y se basan en la precaución, en
analizar cualquier programa sospechoso sobre todo si se trata de programas
pirata, en hacer con frecuencia copias de seguridad, etc. De todas maneras,
y como veremos en otro artículo nunca vamos a estar completamente
seguros de la integridad de nuestro PC.
Luego hemos sabido que no era suficiente, ya que algunos CD que
acompañaban a revistas y similares estaban infectados e incluso
programas comerciales de reconocidas empresas de soft distribuyeron copias
infectadas. Aquí es donde comienza la sensación de
inseguridad que sigue reinando entre los que manejamos ordenadores y que por
lo visto no nos abandonará nunca. Evidentemente con la
generalización de internet y la transferencia de archivos a
través de ella las infecciones se han multiplicado de manera
escandalosa, haciendo posible que en un solo día se contagien miles y
miles de ordenadores, colapsando servicios y poniendo a empresas fuera de
combate temporalmente.
La actitud de los usuarios se ha ido modificando con el paso de los
años así como la misma industria informática. Lo que
empezó siendo una especie de juego de programadores bromistas -muchos
virus no causan daño - dio paso a programas que han sido perniciosos y
que causaron pérdidas económicas abundantes.
Evidentemente enseguida surgieron firmas ofreciendo y comercializando soft
para atajar los desastres causados por los virus, industrias que se han
convertido en rentabilísimos negocios, creando puestos de trabajo.
Asimismo muchas compañías tienen su propio personal dedicado a
mantener y velar por la integridad de sus datos. Vemos, como en tantas
ocasiones, que el resultado de un mal acarrea consigo un bien aunque no fuera
esa la intención original ni motivo de consuelo para nadie por mucho
que haya quien viva de ello. Mucho se ha especulado, y se sigue
haciendo, sobre cuál es el orígen y la intencionalidad de la
programación de virus. Algunas se conocen, porque los autores
así lo afirman e incluso depositan sus trabajos en la red al alcance de
todos. El que crea un virus no tiene por qué ser un delincuente si no
lo usa para hacer mal a nadie, pues se trataría de un ejercicio de
programación como otro cualquiera para incrementar los conocimientos e
incluso para luchar contra los malintencionados. De hecho se crean virus en
los laboratorios de las empresas que comercializan los antídotos para
ver cómo se portan, cómo se les puede descubrir, etc. Es
así que se sigue la tónica ancestral de crear un arma defensiva
tras la aparición de una ofensiva. No tendría objeto alguno
programar un antivirus antes de que apareciese el primero. Cuando esto
sucedió se empezó a estudiar cómo defenderse de
él. Una vez conseguido, ese virus puesto en evidencia y eliminable,
dejó de tener fuerza, de modo que se hicieron otros y otros de
distintas caractrísticas obligando a los fabricantes de
antídotos a continuar programando nuevas herramientas para luchar
contra ellos. De ahí la cantidad y modalidades de virus existentes que
no para de crecer en un interminable juego del ratón y el gato en que
éste nunca llega a atrapar al roedor, que cada vez se ha de inventar
nuevos trucos para no ser capturado. De hecho el refinamiento en la
programación de los nuevos virus tiene poco que ver con la de los
primitivos. De esto hablaremos en otro artículo Ahora bien,
alguien se ha preguntado: ¿a quién favorece la existencia de los virus?
Ardua respuesta. ¿Quién no ha pensado que cuando aparecen multitud de
pinchazos en neumáticos de vehículos no se ve implicado
algún taller cercano? De hecho se han dado casos contrastados, juzgados
y sentenciados. No conozco a nadie que pueda afirmar algo así
en el asunto del que nos ocupamos, aunque sí que tal vez se haya
exagerado el peligro que encierran los virus creando miedo entre los usuarios
y quizá empujándoles a usar un producto protector. De ser cierto
esto ¿sería éticamente correcto? A veces parece aceptable
exagerar los peligros, en general, para que haya reacción positiva por
parte del personal, aunque no sé si éste es el caso. De todas
formas los augurios no deben conducir al pánico. También
se ha hablado de guerras sucias entre empresas que fácilmente ven
cómo se desprestigia la competencia si sus productos se comercializan
defectuosos. Nada hace pensar que en realidad haya ocurrido algo semejante.
Efectivamente salieron al mercado programas comerciales infectados pero luego
se supo que el mal se había hecho dentro de la misma
compañía por motivos laborales o lo que fuera.
No obstante lo dicho, en algunos casos sí es cierto que algunos virus
pueden afectar la imagen/negocio de ciertas empresas. Por ser reciente y
motivo diario de muchas discusiones me referiré al virus Melissa
aparecido a últimos de marzo. Según analistas, este virus se
transmite por macros de Word y si se usa el Outlook sólamente. Pues
bien, ya se lee por ahí que para curarse en salud lo mejor es no usar
ese soft, al mismo tiempo que se recomiendan otros. No veo aquí
ninguna intencionalidad pues esos comentarios están hechos por
particulares que ni les va ni les viene qué clase de programas usan
los demás, pero es un ejemplo de cómo alguien ajeno puede
verse afectado. Claro que también es cierto que de esta manera les
obligará a subsanar los errores que permiten a sus programas
transportar virus. NOTA: Mientras redactaba
estas líneas he sabido que han detenido al presunto autor del
Melissa, David L. Smith, para quien piden entre 5 y diez años de
cácel aunque de momento se encuentra en libertad bajo fianza de
100.000 dólares. Esperemos que suceda lo mismo con el autor del
también recientemente aparecido "papa". Como se ve, y al
igual que en todo lo concerniente a la informática las cosas avanzan
a una velocidad de vértigo, y actualmente sobre los virus se han
escrito multitud de tratados, hay grupos de noticias que se dedican a ellos,
empresas que medran a su sombra y reina entre la población
informática el miedo o por lo menos el recelo. Siendo
así iremos analizando en posteriores trabajos cuántas clases
de virus hay, qué técnicas se usan en su creación,
cómo se reproducen, qué tipo de ficheros infectan y de
qué manera lo hacen, cómo se puede luchar contra esta lacra,
etc. Para terminar, un aviso a los que todavía no han tomado
conciencia del problema que se les puede plantear: Empiecen a tomar medidas
de protección, algunas de las cuales iremos exponiendo aquí
para evitar pasar un mal rato o sufrir pérdidas irreparables. Todo lo
que se haga será poco y aún así nunca estaremos al cien
por cien seguros de ser inmunes o estar limpios.
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