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Conexiones clandestinas

Pues sí, seguro que todos pensabáis que mi mujer se iba a enterar de que había vuelto con mi amante, el Internet, que seguro que su fino olfato localizaba el secreto oasis de mis conexiones al exterior desde mi supuestamente incomunicado lugar de vacaciones. Y acertásteis. Fue cosas de días... de pocos días, a pesar de todos mis esfuerzos por mantener "mi lío" en la clandestinidad.

Ella se echaba la siesta y yo decía que me quedaba viendo el tour, pero en cuanto ella se quedaba dormidita, de puntillas, sin hacer ruido alguno, huía de casa hacia mi escondrijo donde me tomaba mi dosis diaria de virtualidad. Desde las cuatro, hasta las cinco y veinticinco, yo me sentía con la felicidad y la culpa simultánea de un pecador de conciencia estrecha.

Supongo que la cara de felicidad con que me encontraba cuando se despertaba me delató. Eso y lo sudao que me veía, porque yo procuraba apurar el tiempo lo más posible y tenía que regresar a la carrera. Y no veas lo que es pegarse un trote cochinero a cuarenta grados, sin sombra alguna para refugiarse.

Ella, mosca me dijo un día, el tercer día, "chico, parece que eres tú el que subes los puertos" y añ:adía con un poco de mala uva, "qué, has resistido hoy el ataque de Olano o te ha dejado en las primeras rampas?". Yo me defendía como podía, "oye que es que aquí hace mucho calor" pero ella, es que no se le escapa una, me replicaba, " pero hijo si es que estás jadeando". Mentiroso compulsivo, aun me atrevía a contestar, "pues es que lo vivo intensamente,. Qué pasa, que no puedo ya ni ver el tour?". Ella con cara de mosqueo, pero de mucho mosqueo,se omitía.

Mas un día , el sexto día, estúpido que soy, me quedé tan colgao en un agradable chateo con una tía a quien se le veían los masculinos pelos de la barba y la pierna a través del monitor, que cuando quise darme cuenta eran las siete. "Las siete!!... Dios mío y qué le digo hoy a mi mujer?". Salté de la silla y me dirigí a la carrera a la puerta. El dueñ:o del local, estaba acostumbrado a verme salir a la carrera.... pero la carrera era normalmente la de 1500. Sin embargo hoy era los 100 libres, bueno eso pensaba yo, pero no, fue los cien metros vallas.

Así que ante mi explosiva carrera, se presentó el primer obstáculo. Intenté el salto, pero el camarero y su bandeja fueron mucho para mí. Allá quedó en el suelo, metido en una piscina de cocacolas y cervezas, tras arrebatarles a todos, líquidos y persona, la verticalidad. El segundo obstáculo fue mas "manejable", apenas una silla de madera junto a la puerta del establecimiento, esa cayó fácilmente con bonito toque de espinilla. La espinilla protestó enseñ:ándome en un segundo todas las estrellas habidas y por haber.

Había salido del bar y tras dejar atrás los tres escalones y girar a la derecha, suponía que el resto del camino estaría expedito.... craso error. Qué hacía allí, a esas horas, un camión de cervezas?, digo más, qué hacían allí aquellos bidones plateados y cilíndricos de cerveza, esparcidos como minas personales en la angosta acera? Como si de una partida de bolos se tratara, arremetí contra todos... y todos caimos, incluido el repartidor. En principio el hombre hizo ademán de sacudirme, pero al ver que sus bidones corrían ruidosamente echando entre ellos ahora una carrerita asfalto adelante, optó por ir a detenerles.

En el suelo, caido, incapaz de averiguar por qué no podía ponerme de pie, si sería el esguince de tobillo tras pisar malamente el bidón uno, o si sería la inflamación de rodilla tras atizarle un meneo al bidón dos, o si sería la muela con la que mordí el fino reborde del bidón tres cuando caía víctima de los impactos con los bidones uno y dos, reflexioné sobre mi futuro inmediato. Si no me levantaba rapidito el repartidor modelo rambo españ:ol, o sea bajito pero con brazos del tamañ:o de sus barriles, me iba a poner a caldo, cuando recuperara sus envases de cerveza descarriados. Además, por el rabillo del ojo, única que zona que no me dolía, vi avanzar hacia mí al camarero, bastante poco satisfecho por cierto.

En ese momento de angustia y terror, una mano solícita se puso a mi alcance, la tomé. Aún estaba a tiempo de huir, pensé. Me levanté maltrecho y miré a mi benefactor con lágrimas de agradecimiento.

Y allí estaba ella, fusilándome con una mirada asesina que me hizo añ:orar el ameno diálogo que de no aparecer ella hubiera tenido con el repartidor y con el barman. Por cierto que ambos se acercaban con clara aviesa intención. Pero a mi mujer le gusta "tocar" sola, nada de coros, así que les amansó con un contundente rugido. Ambos salieron con el rabo entre las piernas sin osar ni devolver la mirada.

Bueno, fue poco tiempo, pero desagradablemente intenso. Me dijo de todo, las palabras y viniendo de quien venían, duelen mas que un par de sopapos. Parece ser que pasadas las seis, y ante mi ausencia salió en mi búsqueda.... y me encontró. Su fino instinto, su natural suerte, mi habitual infortunio.... quién sabe, el hecho es que me hizo la foto cuando salí escopetado de la cunita de mi teclado prestado. Ella no necesitó correr para alcanzarme, solo esquivar, el charco, el camarero, la silla, los bidones, el repartidor..

Pero ¿veis? sigo conectado... ¿por qué? Ah! Eso os lo contaré otro día..... si puedo.

Escrito por Alf
Estas páginas se ven mejor con... ¡TARIFA PLANA! Hecho por villanos.net en Octubre de 1999