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No somos galácticos
El otro día estaba mirando las estrellas
y se me acercó un ovni que aterrizó justo en mi
jardín. Se bajaron unos hombrecillos verdes con antenas.
Y hablaban español. Yo pensé que era una alucinación,
porque todo el mundo sabe que los extraterrestres siempre aterrizan
en Estados Unidos y sólo hablan, en inglés, con
los militares americanos. Pero no, era todo real. Tal vez hablan
todos los idiomas que quieren porque tienen traductores universales.
El caso es que estuvimos hablando largo rato de su planeta y del
nuestro. Les invité a cenar y me vaciaron la mitad del
frigorífico. Parece ser que hacía unos días
se les habían acabado las provisiones y venían medio
muertos de hambre.
En la sobremesa me dijeron que nos habían
estado observando durante mucho tiempo y querían que los
humanos entrásemos a formar parte de la Coalición
Galáctica. Llegamos a hablar de Internet como una red de
comunicación global sin restricciones y entonces les hablé
de que un grupúsculo de humanos quería controlar
la Red, que mentía con descaro con tal de impedir su libre
desarrollo, que trataba de restringir su uso mediante leyes como
la LSSI. Y entonces dejaron de mirarme como a un miembro de una
civilización con algunos miles de años, y lo hicieron
como si fuese un primate que inicia su andadura hacia la sabiduría.
Dijeron que lo sentían, pero que así no había
manera de entrar en ninguna Coalición, ni siquiera a nivel
planetario. Que leyes así sólo denotan desprecio
hacia lo conseguido por una sociedad y falta de respeto hacia
los logros particulares de los demás. Que el progreso de
la civilización se había detenido aunque se continuase
con el avance tecnológico. Que ahora se daban cuenta de
que estábamos en el mismo estado que en la época
de la Inquisición. Y muchas cosas más. Tantas que
llegué a ponerme colorado. Yo les pedí que me llevasen
con ellos, pero me dijeron que no tenían sitio en el platillo
volante. Así que agarraron sus bártulos y se marcharon.
Claro que, aunque miembro de una sociedad atrasada no me olvidé
de darles algunas provisiones para el viaje: comida, jabón
con atacamanchas biológico, desodorante con extracto de
milflores, unas bufandas por si se quedaban sin calefacción,
porque en el espacio hace bastante frío, y unas tarjetas
de descuento de MaClonad. Me sentí orgulloso de que se
llevasen a otro planeta lo mejor del nuestro.
No me considero responsable de la marcha
de los extraterrestres por haberles hablado de la LSSI y de las
aberraciones que sufren nuestros gobernantes. Yo sólo les
conté la situación.
Ya sé que esta historia es increíble,
pero más increíble aún es la estulticia de
los que nos gobiernan. Y sin embargo ahí está, a
la vista de todos. Tal vez mis amigos marcianos vuelvan dentro
de unos siglos, cuando esta ansia de poder se les haya pasado
a los de aquí. O tal vez no, y entonces es que verdaderamente
se acabó el progreso de la civilización, como ellos
aseguraban. Mientras tanto, ¿por qué no hacemos
algo en provecho de todos nosotros? Algo en provecho de la Sociedad
y la Cultura, aunque vaya contra los intereses de unos pocos.
No es mala idea ¿eh?
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