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Entre ramas de olivo y pistolas...
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"El tren se detuvo". Creo que sería mi resumen de lo más destacado de la Internet española en el 98. Un año que comenzaba con excelentes augurios, debido principalmente a que cada vez éramos más y a que empezaban a proliferar buenas páginas en Español. No obstante, no tardó mucho en sobrevolarnos una sombra de duda sobre la pesadilla que se nos venía encima. Los "poderes fácticos" de Internet en nuestro país lanzaban uno de sus dichosos globos sonda para tantear como estaba el patio ante una subida de tarifas que iba descaradamente a por las economías de los internautas. No se logró una reacción a tiempo y finalmente el Ministerio de "Fomento" acabó publicando en el BOE las tarifas que hemos venido sufriendo desde aquel negro día de Agosto.

Las consecuencias no se han desviado mucho de las previsiones. Las evidentes las conoce hasta "Fomento", que ahora parece que se pone colorado cuando le recuerdan que le debemos el retraso en la Internet española. El crecimiento de internautas en nuestro país se ha detenido. Ya antes de las subidas, mucha gente se echaba atrás ante la posibilidad de elevadas facturas de teléfono, pero en cuanto se publicó el famoso "tarifazo", se les disiparon todo tipo de dudas. Las menos evidentes y que para conocerlas hay que vivir un poco en la red, han sido el descenso en páginas nuevas o en actualización de las existentes y sobre todo la poca navegación que hay actualmente.

Es inevitable. En horas punta, no puedes eludir agobiarte cuando el Llamadas32 te vuelve a recordar que acabas de gastar otros cinco duros y ves que en tu pantalla lo más destacado en un reloj diciendo que esperes y un mensaje en la barra de estado referente a los últimos diecinueve bytes que llegaron al módem, hace tiempo ya. Tienes que dejarlo para las diez de la noche, pero entonces son tantas las cosas que se te han acumulado - el correo por leer y contestar, la cena y demás asuntillos del mundo real – que no es posible acometerlos antes de la hora a la que hayas decidido acostarte y además dedicar un tiempo para navegar. Menos aún para entrar en contacto con la gente que ha hecho esas páginas o que, simplemente pasaba por ahí.

Es posible que sea debido a esto, que la gente que nos dedicamos a hacer páginas seamos probablemente los que más afectados nos vemos en primera instancia y que por ello estemos en primera fila cuando de movilizaciones se trata. Al fin y al cabo, si no hay visitas, ¿para qué hacer páginas? Pero lo más triste no es eso. Es que cuando la gente viene “con prisas”, no es fácil que se pare a dar una vuelta por los recovecos que le tienes preparado. Que si te esfuerzas por hacer unas páginas atractivas, tiene que ser a base de gráficos, mejor o peor optimizados, pero que eso lleva un tiempo de conexión que los bolsillos no parecen estar en condiciones de pagar. Y que lo que es más importante, y esto no lo dice ningún estudio de medios, es que la gente ya no pincha en los “escríbeme” o “mándame un mensaje”. Se echa un vistazo rápido a la página y se desconecta o se va a otro de los muchos sitios que tiene pendientes de ver.

No podemos limitarnos a analizar el número de conexiones que se producen. No son tantas, bien mirado, pero sobre todo, Internet no va a avanzar porque miles de conexiones estén viendo un reloj como cursor del ratón esperando que bajen un puñado de páginas que casi siempre son las mismas y que en muchos casos no aportan nada nuevo que no hubiera ya en el mundo real.

¡Hay que sacar Internet a la calle! Conseguir que sea algo cotidiano, que tenga una difusión similar a la televisión. Por lo menos, como primer objetivo alcanzable, que todos los hogares con ordenador estén conectados. Sólo entonces se podrán desarrollar sus posibilidades de las que tanto se habla, y sobre todo, muchas que ni se nos han pasado por la imaginación. Mientras aquí no se genere negocio, esto no va a despegar. Hoy por hoy los únicos que hacen dinero con la red son las compañías telefónicas, los vendedores de material informático y electrónico especializado y cuatro casos aislados en todo el mundo. El resto, a verlas venir. Pero mientras los primeros se conformen con los ingresos y el poder que les confiere su posición dominante, no van a dejar que nadie más se acerque al pastel. Ni siquiera se van a plantear que el pastel podría ser enorme y las raciones mayores para todos. El problema es que para que un concepto como el de red universal tenga éxito, cada punto de esa red debe obtener algún beneficio de ella. Para unos será económico, y para otros contraprestaciones a cambio de ese desembolso que acaba en las arcas de los negociantes. Puede ser la pura obtención de información, servicios, entretenimiento, o incluso la posibilidad de abrir pequeños o grandes negocios en un universo prácticamente inexplorado hasta el momento, pero que era prometedor hasta hace poco.

Desgraciadamente, aunque las tecnologías empiezan siendo caras para irse abaratando poco a poco, y aunque en un principio las calidades suelen ser pobres y avanzan a medida que se universalizan; en la Internet española se han producido justo los fenómenos opuestos. El precio es cada vez mayor. Desorbitadamente mayor. Y la calidad está a punto de tocar fondo si no lo ha hecho ya.

Con este panorama acabamos el que podía haber sido “el año de la ilusión”. Con Telefónica enfrentada a cara de perro con sus usuarios, con “Fomento” fomentando el retraso tecnológico y cultural del país y con un panorama internauta en el que en vez de estar hablando de los logros conseguidos en el año, no paramos de hablar de movilizaciones, protestas y promesas incumplidas.

Y, hablando de promesas. Cuando el año está a punto de terminar, resulta que a “Fomento” parece remorderle la conciencia o parece asustado ante las movilizaciones que se le avecinan. Y hete aquí que llama a los internautas y nos promete el oro y el moro a condición de que nos estemos callados hasta el 22 de enero. Parece que después de haber rajado la gallina de los huevos de oro dejándola inservible, a la mañana siguiente se dan cuenta que todos nos estábamos “jugando los huevos”. Comienza unas “negociaciones” (sic) con Telefónica cuyo resultado nos darán a conocer en esa fecha. Telefomento, como se le está empezando a llamar, habla de tecnologías que pondrán a España en cabeza del mundo mundial.

¡Vaya! Bastaba con haber echado una ojeada a la información que pusieron en la página de internautas sobre el xSDL para leer las “desventajas y posibles inconvenientes” para acordarse del padre de Murphy. Bastaba con recordar los famosos planes para hacer el primo como para no querer ni oír hablar de bonos, a menos que no tengan caducidad o que esta sea en un plazo razonable. Como digo, no hacía falta esperar a más globos sonda que son algo así como los zeppelines alemanes que sobrevolaban londres en las noches oscuras.

Cada vez estamos todos más convencidos de que lo que nos van a poner sobre la mesa el 22-E va a ser un nuevo engañabobos. Y a mí me viene a la memoria las palabras de Arafat cuando se presentó ante la asamblea de Naciones Unidas diciendo que traía en una mano una rama de olivo y en otra una pistola.

Hasta ahora las movilizaciones no han conseguido los logros que esperábamos, pero nadie puede ocultar que ha habido éxitos. El principal, el que hayamos saltado al otro lado de la pantalla. Hoy en día todo el país sabe que los internautas estamos en pie de guerra contra Telefónica y “Fomento” y que aquí hay movilizaciones de vez en cuando. Los debates se han trasladado a los medios tradicionales – Internet es noticia -, a los parlamentos, al senado, a los bares y a los lugares de trabajo. Cuando el 22-E Telefomento anuncie su oferta, esta pasará como reguero de pólvora de los primeros medios que den la noticia en la Red, a los corrillos y telediarios del mundo real. Es más, en este es posible que se simultanee con la respuesta que den los representantes de los internautas.

Dicha asociación - cuyo primer éxito fue el colarse hasta la cocina en las negociaciones, ante la mirada feroz de los que hasta entonces se hacían pasar por representantes de no se qué – ya puso en su día su oferta sobre la mesa. Las famosas 3000, 1000 y 50 pelas por día completo, horario nocturno y de fin de semana o por hora. Entre sus miembros y asociados se encuentra una amalgama de técnicos, políticos y guerrilleros, por lo que no parece probable que “vayan a tragar” con lo que les echen y que las movilizaciones vuelvan.

Hemos agitado durante mucho tiempo la rama de olivo y lo único que tenemos es tiempo perdido. Debemos empezar a mirar la mano que empuña la pistola. Virtualmente, claro, esto no es ningún alegato ni llamada a la violencia. Pero si algo hemos aprendido, es a sacarle partido a los recursos de la red. Tal vez hasta ahora había resultado difícil transmitir el mensaje a los cientos de miles de internautas para que tomasen parte activa en las movilizaciones, pero si nuestro primer objetivo vuelve a ser la difusión de nuestros problemas. Si conseguimos mentalizar no ya al internauta, sino al ciudadano de a pie de la importancia de lo que nos estamos jugando, en cuestión de semanas, el panorama puede cambiar radicalmente. Tenemos los medios para hacerlo. Miles de páginas y millones de correos electrónicos que pueden difundir mensajes diariamente a todo el planeta. Unos anuncios en las páginas y en las firmas del correo pueden hacer que nuestro mensaje llegue y convenza a otros para tomar cartas en el asunto. Y tenemos el tiempo, pues es conocido que el tiempo en Internet es mucho más rápido y fructífero que en el mundo real.

Solo nos falta un poco de organización y esto no hay Telefomento que lo pare ;)

¿Escrito por Colegota?
(Antonio Montorio en el Mundo Real)
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