Los luctuosos acontecimientos protagonizados por los llamados "perros asesinos"
han desatado la polémica en todos los medios, hasta la saturación, y lejos de
aclarar las cosas, parece que éstas se enturbian más, tras las posturas
radicales adoptadas por los pro-perros y anti-perros. Quizá convendría
retroceder muchos siglos, para asisitir al momento en que su cruzaron los
caminos del hombre y el perro, empezando su relación estable, que se mantiene
todavía, cuando el hombre ha llegado a la Luna, se comunica con sus semejantes
de todo el mundo a traves de Internet, tiene armas de destrucción masiva, y más
que nunca se siente el rey de la creación pudiendo hacer y deshacer a su antojo.
Las llamas de la hoguera que ardia a la entrada de la caverna iluminaban con
palidos reflejos la cara de Tzok. Era este de fuerte complexión, frente
estrecha, mandibulas poderosas, melena y barbas tupidas e hirsutas.
El sabia que era el jefe y el responsable, de haber trasladado la familia a
aquellos parajes escabrosos. Alli encontraron buenas guaridas y estaban a salvo
de los depredadores haciendo fácil su defensa en caso de ataque.
Desde que sus antepasados bajaron de los árboles, su estilo de vida cambió
sustancialmente, obteniendo grandes beneficios y progresos para la definitiva
expansión de la especie, al mismo tiempo que nuevas dificultades y peligros
comenzaron a hacerse patentes. Uno de ellos era que fácilmente se convertían en
presas de sus depredadores. El hombre, desprovisto de garras, grandes colmillos
u otras armas naturales de ataque/defensa fácilmente se convertía en pasto no
sólo de los grandes felinos, sino de otros más pequeños, emparentados quizá, con
lobos y chacales, cuyo nombre, traducido a nuestro idioma es: perro.
La lucha por la supervivencia era feroz. Valiéndose de armas rudimentarias
vieron que eran capaces de abatir piezas que les proporcionaban proteinas
animales lo que les permitio bajar de los árboles y complementar su dieta
vegetal, pero a un precio muy alto. No sólo se convirtieron ellos mismos en
presas sino que tenian que disputar su alimento con otros depredadores.
La jornada típica comenzaba descendiendo de sus cuevas situadas en los riscos
a los campos boscosos donde sabían proliferaba la caza. Allí debían descubrir
algun rastro reciente para, siguiéndolo, dar con sus presas.
Tzok habia especializado a sus cazadores. Los menos aptos físicamente se
dedicaban a atrapar animales pequeños, conejos, aves, etc. que no representaban
peligro físico. Otros, muy ágiles, cobraban sus presas entre animales poco
peligrosos pero cuya defensa era la huída por sitios intransitables, muy
difíciles de acorralar, como cabras y similares.
Los más fuertes y aguerridos perseguían la caza mayor que presentaba riesgos
muy altos, pero que por su tamaño proporcionaban comida para mucho tiempo. No
era fácil llegar hasta ellas. Huían ante el peligro, de modo que su persecución
y final acorralamiento hasta un lugar sin salida, podía prolongarse durante
días. Una vez cercada la víctima, debían coordinar sus esfuerzos para abatirla y
defenderse de ella en su intento por escapar. Numerosas bajas humanas se
producían por los pitones de toros o astas de ciervos, que despavoridos trataban
de romper el cerco. Claro que merecía la pena, pues una sola de estas piezas
proporcionaba alimento a la tribu para varios días.
Una vez cumplido su propósito, comenzaba un nuevo calvario. Mientras
descuartizaban la presa, una caterva de perros intentaba apoderarse de ella,
lanzando dentelladas a diestro y siniestro y atacando a los cazadores, un número
de los cuales debía dedicarse a repelerles desde entonces hasta la vuelta a la
caverna.
Así había ocurrido durante siglos. Tzok lo había escuchado de sus antepasados
y él transmitía la tradición, compuestsa de los más espeluznantes relatos, a la
gente de su tribu. Los hombres y los perros eran competidores feroces por las
mismas presas y en el mismo ámbito geográfico. Actualmente la balanza se
inclinaba del lado de los humanos, pero con todo, la relación con los perros era
siempre tirante, antagonista, lo que no permitía bajar la guardia. Eso fue así
hasta que un día Tzok, en la penumbra de su cueva comenzó a analizar la
conducta de los perros, en los detalles más nimios intentando encontrar el "por
qué". Tzok, ya había intuído que la relación de su tribu con aquellas fieras que
acampaban alrededor del poblado podría ser benficiosa para ambas especies.
Y ahora dejemos a Tzok pensando.
Próximamente sabremos a qué conclusiones llegó.