SOLO HAY UNA FUENTE DE ENERGIA.
Toda la energía necesaria para que la vida se desarrolle en la Tierra, proviene del Sol. Afortunanadamente nos encontramos a una distancia tal que esa energía es la suficiente para desarrollar y mantener los requerimientos energéticos de los seres vivos. Si estuviésemos muy alejados, la Tierra sería otro planeta helado e inhóspito, muerto.
Al denominar las distintas fuentes de energía a veces olvidamos su verdadero orígen. Así hablamos de energía eólica como la dimanante del viento, cuando en realidad si hay viento es debido a que el sol calienta las masas de aire que por cenvección ascienden, siendo reemplazadas por otras frías, lo que produce corrientes que pueden ser huracanadas, liberando la energía recibida. Otro tanto ocurre con la energía acumulada en el agua de los océanos, si no hubiera diferencia de temperaturas o si éstas fueran muy bajas, los océanos serían inmensos bloques de hielo.
A primera vista parece que la energía del sol no es acumulable ni se puede almacenar, pero no es así, por eso la afirmación de que toda la energía disponible en la Tierra proviene del Sol. Quizá sería conveniente reseñar que la Tierra dispone de otras energías, como la que dimana del calor de su núcleo o la inherente a su estructura atómica, pero éstas no influyen en la aparición ni en la conservación de la vida.
En el lenguaje de la calle parece que nada hay tan opuesto a la energía del Sol, como la proveniente de los combustibles fósiles, carbón, petróleo etc. Sin embargo esos combustibles son pura energía solar concentrada y almacenada. En efecto, en el primer escalón de aprovechamiento de la energía solar, se encuentran las plantas que mediante la fotosíntesis utlizan esa energía para vivir y crecer. En realidad, cuando nos calentamos ante la chimena donde arde un buen tronco de leña estamos recuperando la energía del sol que se acumuló en la madera. Y si, como parece cierto, tanto el carbón como el petróleo son la transformación en tiempos pretéritos de inmensas masas boscosas, llegamos a la conclusión de que esa energía acumulada es la que en su día provino del sol.
(c) romulus remus
